Salvar una vida más

03/Abr/2014

Búsqueda, Revista Galería

Salvar una vida más

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En “El chico sobre la caja de madera. Memorias del sobreviviente más joven de la lista de Schindler”, Leon Leyson cuenta el horror que le tocó vivir en un gueto de Cracovia y en el campo de concentración de Plaszow.
“Octubre de 1944. Estoy desnudo. Mi cabeza ha sido rapada. Tiemblo de frío y de miedo. Estoy rodeado de la más completa oscuridad. Gradualmente, la noche se convierte en día. Sigo desnudo, ahora pasando rápidamente frente a guardias con rostros pétreos, tratando de demostrarles que soy útil. Otro día comienza. Ahora visto harapos. No tengo idea de cuánto tiempo he estado aquí. ¿Tres días? ¿Tres semanas? Aún no lo sé”.
El testimonio pertenece a Leon Leyson, un adolescente polaco que junto a una enorme cantidad de judíos fue a parar al campo de concentración de Gross- Rosen, cerca de Cracovia. Al igual que ocurre con los relatos de otros sobrevivientes del Holocausto, su testimonio es desgarrador y es solo una muestra de los horrores del nazismo. Pero en su caso, además, tiene un elemento extra que lo hace interesante: Leyson fue el más joven de los 1.100 judíos que Oskar Schindler salvó de morir en un campo de concentración, hecho que fue narrado en el cine a través de la película “La lista de Schindler”, de Steven Spielberg.
Leyson murió de cáncer en enero del año pasado a los 83 años, en Estados Unidos, país al que fue a parar cuando huyó de la guerra. Ahora, a poco más de un año de su fallecimiento se publicó “El chico sobre la caja de madera. Memorias del sobreviviente más joven de la lista de Schindler”, un libro inédito en el que Leyson relata el drama que le tocó vivir a él y a su familia durante la guerra, y que había dejado pronto para su publicación.
En el libro, Leyson cuenta en primera persona cómo semana a semana iba complicándose la vida de los judíos en Polonia y el momento en que su familia fue a parar a un gueto, algo que según sus palabras era “un mundo desconocido” y donde dormían “amontonados como sardinas”. Pero si aquello era un “infierno”, todavía faltaba lo peor: la vida en el campo de concentración.
Cuando parecía que sus días iban a continuar ahí para siempre, apareció en escena Schindler, que lo empleó en su fábrica. Eso le permitió salvar su vida, y por eso el escritor recuerda el momento en que el empresario les dijo que eran “libres”. “Nos quedamos sin habla. ¿Qué podíamos decir? ¿Qué palabras podían expresar el tumulto de emociones que sentíamos? La libertad nos parecía una fantasía imposible”, recordó.
A partir de su llegada a Estados Unidos, Leyson mantuvo un bajo perfil y muchos en su entorno se enteraron que era quien era cuando apareció la película de Spielberg en 1993. Después del estreno, y luego de meditarlo bastante con su familia, el sobreviviente concedió algunas entrevistas y a partir de ahí decidió poco a poco dar a conocer su testimonio en conferencias y charlas. “Nunca es fácil contar lo que viví, no importa cuántos años ni cuánta diferencia haya puesto entre quien soy y el chico que fui. Cada vez que hablo, siento nuevamente el dolor de ver sufrir a mis padres, el frío, el hambre de noches en (el campo de concentración de) Plaszów y la pérdida de mis hermanos”, escribió en sus memorias.